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domingo, 30 de octubre de 2011

Sumario

Gato blanco
AÑO 2 - Nro. 2
Octubre de 2011

Editorial

Música
Sigur Rós, por Víctor Olivera

Cine
Lo rubios, por Paula Iansilevich


Dossier de literatura estadounidense

4) La pandilla beat, por Hernán D’Ambrosio

Más literatura

La historia es el nombre de un crimen (Reseña de Sangre Vagabunda, James Ellroy, Ediciones B, 2010), por Elsa Kalish



Reseña

Teatro

Espacios alternativos

Finisterre (ficción)
Sombreros, por Debret Viana

Prédica de un silencio, por Rocío Nigrelli

Silencio, por Melina Alexia Varnavoglou

Hace mucho tiempo, por Verónica Maimone
Jardín Bárbara Platz, por David Filipiuk

martes, 25 de octubre de 2011

Jardín Bárbara Platz

Jardín Bárbara Platz

por David Filipiuk

Y mi mano estira líneas,
Asciende por tu cabeza,
Aprieta un poco
Y se estira,
Extrae los cabellos lisos,
De fuego
De sol
De arena
Finos como el tiempo,
En el cristal, corriendo,
Mide, traza, estipula,

Y tu mano es pasión,
Aplasta un prado.
Lo presiona,
Si acaso siente,
Mi mano en tus tetas,
O al levantarte de una nalga,
Y recorrer tu muslo de jean.
Pero a veces ojeo a los que pasan,
Porque, al fin y al cabo,
Es una plaza,
Aunque es invierno, y haga frío,
Pasa gente.

domingo, 23 de octubre de 2011

Hace mucho tiempo

Hace mucho tiempo
por Verónica Maimone

Hubo un tiempo
en que fui hermoso
Charly García
Hace mucho tiempo
las uvas sabían a siesta
y el cemento frío en la espalda
era un conjuro
contra el sol
que freía hormigas en segundos
y derretía la brea del asfalto
de cara al cielo
en la cercanía de otro cuerpo
se podía despotricar contra los padres
y desentrañar los misterios del sexo
teóricamente
y quedarse mudos
asombrados de un silencio perfecto
como si de golpe
la vida se hubiese extinguido sobre la tierra
y fuésemos los únicos sobrevivientes.
En una plaza nocturna
con las estrellas al alcance de la mano
se podía declamar a Jacques Prevert
y descubrir azorados
que hablábamos de lo mismo
desde antes
desde un tiempo sin nosotros
saberse parecidos
y distintos
forjados en la misma historia
de destierro.
Hace mucho tiempo atrás
yo podía tener pocos años
y no vejar
todo lo que amaba.

sábado, 22 de octubre de 2011

Prédica de un silencio

Ilustración por Gabriel Fara
Prédica de un silencio 
por Rocío Nigrelli

Estoy hiperactiva y escucho a las tres tazas de café vibrar al son de esa canción de jazz que alguna vez escuché en un prostíbulo escondido entre dos calles de París que solo conocí en fotos, que en la negrura de la noche compartían ese olor digno del café argentino, esa Argentina lejana que en un momento de esa oscuridad se rio de mí sin que yo terminase de comprender la broma junto a mi compañera de bebidas fuertes, la muerte.
Entonces te leo- cartas tinta mono simbólica lejana ultrajada- y creo que comprendo que las tres tazas las compartí con vos, sí, en algún sueño donde yo cansada me quejaba de no entender- no sé qué cosa- y vos me mirabas y así videnciabas que cada uno sufre al amor de una manera distinta, como cuando caminábamos con las manos en los bolsillos y vos fresco me tirabas ese “¿En qué pensás?”. Y yo entonces apuraba el paso y me metía en mi casa, cerraba con llave la puerta y al segundo te extrañaba, pero no existían los teléfonos, o tal vez eras vos el que no tenía, y tenía que caminar- aunque corría, y paraba, para que los vecinos no encontraran que el tiempo se me escapaba y la humillación permaneciera impregnada en las cortinas y no en la luz- y entonces golpeaba tu puerta de roble fino que tus bisabuelos construyeron para guardar calor y yo me sentía tan fría y ajena que las posibilidades danzaban y caían de mi hombro para chocar al piso y provocar ese ruido que luego escuché de vos el día que te fuiste para siempre, en esa habitación azul, llena de cuadros que ninguno conocía pero que formaban parte de la charla cotidiana de todos los días. Pero entonces golpeé y vos no me escuchaste y supe que era la primera vez que el desencuentro nos envolvía y extrañamente comprendí que lo inevitable se había vuelto el castigo de esa mirada robada por un niño como el que nos confundió en el Louvre por sus padres un día en donde pensé que iba a nevar, y vos me respondiste que no, y hasta hoy que no te creo porque yo sé que nevó aunque tu pelo siempre permaneció negro y mis manos calientes en tu abrigo. (…)
Contame de tu vida, de tu muerte o de tu amor, así como las nubes cuentan al sol las novedades de las sombras que se extienden hasta perderse en ese horizonte del que me contabas antes de dormirme cerrada en la llave de tu mirada que congelaba mis sueños y no me dejaba danzar pero tampoco entender esas pesadillas donde las cruces no existían pero sí la sangre, donde tus ojos no me veían pero sí me poseían en el malévolo juego de subsistir hasta en la noche donde no se necesitan ojos pero sí manos, manos malévolas, manos tiernas, esas manos que acarician mi cabello y descubren que hay miles de maneras de volar, como estar en tus piernas y que vos tararees esa canción de jazz de algún club al que nunca iré porque sé que es donde conociste a tu ex y donde yo creí olvidarte antes de conocerte, solo por miedo a sufrir.
Entonces me acuchillan con esa germinación de noticias, me dicen solamente “murió” y siento que yo soy la secuela de esa muerte, cuando te robo protagonismo; porque sabemos que sólo vos podrías encontrarle ese sentido, porque es tan tuyo como tus brazos, como tus pestañas que me hacen creer que son el escondite de tus ojos cuando el escondite de tus ojos son las miradas.
“¿Qué más pesado que tenernos libres?”, me especulaste esa noche en donde las estrellas eran entes tímidos que preferían soñarnos a simplemente mostrarse en el acto pornográfico de lucir esa luz que tratan de emitir los pobres trajes de las adolescentes en su baile de despedida de la secundaria, así recuerdo que vos no pudiste llevarme al mío porque aún éramos jóvenes y nos divertíamos recortando fotos de autos pero nunca ahorrando más que para comprar esas revistas muy caras para la época y seguir recortando las figuras de los automóviles por miedo a agotar nuestras expresiones y encontrar esa excusa que haga escondernos como las estrellas, alejarnos hasta un día chocar por la ciudad y creer que los fantasmas no son más que tardes en donde uno se despide y no vuelve a manchar el piso con barro nunca más, ni tampoco intentar prender la TV con el codo sabiendo que se van a apretar todos los botoncitos y que el aparato no se va a romper, pero tampoco prender. Y así nos desesperábamos y no teníamos más que los cuerpos- y eso nos bastaba por un momento. Luego recordábamos al tiempo y la sed era inevitable, pero claustrofóbica, y vos me invitabas a salir, sólo salir, nunca decías dónde; pero siempre terminábamos en el café Rouge, apartados de las demás mesas, con cierta mirada cómplice al camarero que nos reservaba siempre la misma mesa los jueves, esos días que nosotros queríamos cambiar pero nos imposibilitaba la cercanía que pronto se despareja con evitar al otro en una suerte de malévola costumbre. “¿Quién nos separó?”, trazás entre dientes y yo sé que lo dijiste tarde, así que no te contesto, sonrío, no logro a reír, pero te sonrío y entonces recuerdo la melodía que tanto tarareabas cada vez que el colectivo se nos iba y vos camuflando enojo fingías conformismo y aparecía esa melodía que nunca te pregunté de quién era pero que la tomé como propia ese día, y vos pareciste sorprendido, y nos dimos cuenta de que era viernes, el Rouge estaba lleno y esa mesa que tantos jueves nos esperó la ocupaban ahora una pareja joven, y en contraste nos sentimos tan viejos que en vez de esperar el bus pedimos un taxi y no nos hablamos más que con el reflejo que forzaba a las paredes a derrumbar pronto su azul y teñirse del blanco más gitano a nuestras ideas.

viernes, 21 de octubre de 2011

Espacios alternativos - CILC: los inicios de una editorial

CILC: los inicios de una editorial
por Juan Alberto Crasci










Promediaba el año 2006. Juan Manuel Daza (JMD) y quien escribe (JAC) quisimos editar un libro. ¿El libro? Breve, adolescentón, catártico, carente de sentido. ¿El título? Vamos a rockearla! Catálogo de la desesperanza. Éste reunía veintiún textos que ambos Juanes habíamos escrito alguna vez, entre los años 2002 y 2006. A JMD se le ocurrió la brillante idea de que cada uno de los textos estuviese acompañado por una ilustración, por lo que nos pusimos en campaña para conseguirlas . ¿Las ilustraciones? Lo mejor del libro. Hasta aquí, todo lindo. Luego se avecinó el caos: editoriales que pedían fortunas por imprimir doscientos ejemplares, imprentas que pedían media fortuna por imprimir cien ejemplares, editoriales e imprentas que ni se interesaban en ganar dinero imprimiendo solamente doscientos ejemplares, etcétera.



Tapa de Vamos a rockearla! + ilustración de Gustavo Sala

Visto y considerando que –en el mejor de los casos– a cambio de nuestro dinero sólo obtendríamos la impresión del trabajo y nada más –ni hablar de presentaciones, prensa, distribución–, tratamos de encontrarle la vuelta al asunto. Decidimos fundar una editorial (CILC) . ¿Cómo? No teníamos idea de nada. Desconocíamos la ya prominente movida under que azotaba las calles de Buenos Aires. Sólo nos importaba lo que queríamos hacer y sobre todo lo que nos gustaba, lo que valorábamos.

Así, por necesidad, nació el festival rocanpoetry!, cuya única misión, en su primer intento, fue la de recaudar dinero para poder imprimir el libro. Juntamos plata, pero seis meses después de la primera averiguación por las imprentas, todo había aumentado al doble. La plata que teníamos no servía para nada. ¿El próximo paso? Comprar impresora, papel, y armar el libro nosotros. Tarea ardua, tratándose de un libro de sesenta y cuatro páginas, y de al menos cien ejemplares. No importó; con tiempo y paciencia lo hicimos –previa edición de cinco pequeñas plaquetas de poesía que dimos en llamar “miniediciones”–. Estas plaquetas tienen dieciséis páginas y un tamaño de 10 x 7 cm.

Tapas de las primeras cinco miniediciones, correspondientes a: El hilo de las horas, 
de Fernando Bogado; Dactilografía para mensajitos de texto, Clase Nº1, de Nono Trakinas; 
Poemas para leer bajo la frazada, de Juan Manuel Daza; El gusano, de Inés Rando y 
Hendidura, de Juan Alberto Crasci.

Hasta el momento podemos ver que todo plan previo se veía desbaratado por las benditas y marxistas condiciones materiales de existencia: 1. quisimos hacer un libro; 2. necesitamos hacer un festival para hacer un libro; 3. la plata no alcanzó; 4. lo solucionamos artesanalmente, intercalando la edición de plaquetas de poesía; 5. etc. Así podría contar los sucesos hasta el día de hoy. Pero, por obra y gracia de… nosotros mismos, nunca fue un impedimento tan grande la falta de dinero. Siempre pudimos ingeniárnosla para hacer lo que quisimos hacer, aunque tardando más. Las cosas nos costaron el doble, el camino se hizo largo. Y estos “desvíos” no son vistos por nosotros como maldiciones, sino que gracias a ellos pudimos aprender muchas cosas en el camino y vamos disfrutando más de lo que podemos conseguir. Si hubiésemos tenido el dinero para editar el libro, de una, la situación moría ahí. Teníamos el libro… ¿y qué?

Con el paso del tiempo continuamos la edición artesanal de miniediciones y también sumamos nuevas pequeñas colecciones de plaquetas, como las 33coma3, de 16,5 12 cm., o las descartes, de 7 cm. x 10cm. y cantidad de páginas variable.

Tapas de las primeras cinco descartes, correspondientes a: Siesta, de Juan 
Alberto Crasci; Este envase contiene el jugo de ocho naranjas exprimidas 
aproximadamente, de Fernando Bogado, El mercado de la carne y Los
proselitistas del rock, de Walter Godoy y Diario íntimo, de Mariano Massone.

Con el festival rocanpoetry! desde un principio logramos unir de una manera llamativa el rock y la poesía y eso repercutió de manera fuerte en la gente que comenzó a seguir el festival. El público –promedio 130-140 personas por evento, aproximadamente– venía a disfrutar de un “show” integral, de un concepto bastante armado, pautado, pensado –no consideramos el “micrófono abierto” como una alternativa válida para un encuentro poético. Ese mic abierto que se piensa como democrático convierte la noche en un caos en el que nadie escucha a nadie y en el que lo que importa es la cerveza, como dice la publicidad–. Si bien el público venía a escuchar a sus amigos, o a ver a la banda de su novio/a, se quedaba a escuchar a todos los poetas y a todas las bandas o solistas. Nos resultó bastante llamativo ese marco de respeto y de silencio –lógicamente, no completo– que se fue generando .

Fotos de Tulús en el rocanpoetry! #17 y de Strudl Von Disphonic 
Orchestra (Uruguay) en el rocanpoetry! #19.

Gracias a la participación en estos festivales, se unieron definitivamente al núcleo editorial Fernando Bogado (FB) –quien recientemente se desvinculó del proyecto– en 2007 y Sebastián Realini (SR) en 2008. Por casi tres años seguimos organizando los festivales, ya teniendo pautado el próximo –el rocanpoetry! #20– para diciembre de este 2010, momento en el que ya estaremos los tres miembros actuales de la editorial viviendo juntos, en una casa que alquilamos para dedicarnos full time a este proyecto.

Mientras tanto, en lo que se refiere a la actividad editorial, fuimos creciendo paulatinamente, pudimos enviar nuestro material a imprenta y logramos de esta manera realizar libros más grandes y con una tirada mayor, cosa que no podíamos resolver en poco tiempo nosotros armando libro por libro, a mano. Esto supuso un crecimiento radical en nuestro modo de funcionamiento, aunque parezca lo normal para cualquier persona que quiera hacer un libro. Quiero decir: uno tiene la plata, manda el libro a imprenta, la imprenta realiza el trabajo y le entrega el libro a la persona, listo. Nosotros no estábamos acostumbrados a eso; realizábamos toda la tarea –diseño, impresión y el posterior armado–, sin cobrarle un centavo a los autores que editamos, porque consideramos que una editorial no tiene que aprovecharse del autor desesperado e inexperto, que desconoce del funcionamiento de la industria editorial –como nos pasó a nosotros al principio–, para sacarle el dinero. Así, luego de casi tres años, logramos editar Poesía popular argentina, del poeta cordobés Vicente Luy, y la Colección Gama, que reúne a dieciséis poetas muy prestigiosos de toda la Argentina .

Imágenes de tapa de Poesía popular argentina, de Vicente Luy, 
y de Héroes, de Silvio Mattoni, libro integrante de la Colección Gama.

El problema no se termina al recibir el libro de la imprenta y pagárselo; ahí recién comienza. ¿Cómo hacemos las editoriales under/independientes para vender los libros? Si bien los puntos de venta más importantes para nosotros son las ferias y eventos en los que podemos ofrecer nuestro material, consideramos necesario ingresar al circuito de librerías. No porque eso valide nuestro trabajo, sino porque es otra forma de que la gente pueda acceder a los libros, en todo momento, sin necesidad de esperar a que llegue el fin de semana para asistir a una feria. Ardua tarea la de la distribución, que también realizamos nosotros mismos, librería por librería, siempre y cuando las librerías acepten el material, ya que al ser una editorial pequeña y desconocida, y no llevar el material a través de una distribuidora, son pocas las librerías que acceden a recibirlo.
Lo arduo de esta tarea independiente, al menos como la concebimos nosotros, no está dado por la falta de dinero disponible para editar –cosa obvia, nuestro funcionamiento se basa en “desvíos” por no tener plata–, sino por cómo hacer para poder llevar a cabo los planes a pesar de todo. Es necesario tiempo, ingenio, dedicación: generar alternativas a lo ya conocido.



Contacto:
Editorial CILC
Av. Rivadavia 8029
arockearla@gmail.com

CILC: los inicios de una editorial - Poemas

 CILC: los inicios de una editorial

Poemas de Juan Alberto Crasci, de la plaqueta Hendidura:

29 de febrero

Porque toda división es injusta
y toda ciencia
imprecisa.
Chorrean gotas de tiempo,
pacientes,
esperando el momento
para rebalsar los cálculos.
Una vez cada cuatro años
el universo tiene la certeza
de que la única ciencia exacta
es la poesía.

*

I
Mucho pensar,
hablar,
teorizar,
y al fin de cuentas
la realidad es lo
que no está
en la mente.
Por eso
miro mi mano y veo
mi mano;
no las nuestras.

******

Poemas de Juan Manuel Daza, de la plaqueta Poemas para leer bajo la frazada:

1
Poemas para leer bajo el cubrecama
o bajo la frazada.
Pero nunca bajo la sábana.
Jamás nos brinda igual cobijo.
Bajo la frazada estoy contenido.
Bajo el cubrecama,
también.
Bajo la frazada se tejen pensamientos
de lana de oveja.
Bajo el cubrecama se hilvanan
delirios de alpaca.
Bajo la sábana, todavía se ve el afuera.

*

2
Buceando profundo en mis cobijas,
una vez,
cuando niño,
descubrí un arrecife de corales,
una estrella de mar,
un galeón hundido.
Pero ni bien encontré al calamar gigante
de 20000 leguas de viaje submarino,
me asusté
y todo el aire de mis pulmones
de una sola vez
se fue.
Y nadé desesperadamente hacia la superficie,
respiré hondo
y me sentí afortunado.


******

Poemas Sebastián Realini, de la plaqueta La Felicidad:


2.
No sé que es más fuerte:
si mis ganas de tener un hijo
o mis ganas de tener
algo
con la persona que ahora
supuestamente me ama.
Por el momento
no tengo un hijo,
ni siquiera un compromiso,
y encima tampoco sé escribir;
tengo un poema mogólico

*

Local
El olvido
es ese montón de:
impuestos
cartas
inimaciones
volantes
en el piso
del otro lado de la vidriera
en ese local vacío
en el que nunca nadie
compró nada.

jueves, 20 de octubre de 2011

Biografía Infame de Cronopios y Allegados

Biografía Infame de Cronopios y Allegados
Crueles, crueles cronopios...
por Agustina Iansilevich


Ilustración por Joaquín Abruza
EACUS EACO CAÑONES: Sobrino olvidado del Coronel Cañones, fue conocido como el Playboy de América. Luchó contra las invasiones inglesas, galesas, rusas y australianas del 89’. Rozó la locura y escribió algunos de los textos más bellos del mundo, los cuales se perdieron en las piras fúnebres de ciertos capitanes vikingos. Encontró la felicidad y la perdió. Perdió asimismo otras tantas cosas, pero nada de importancia, según declararía luego en una entrevista con David Frost. Gobernó muchos países hasta morir de hipotermia a los 240 años. Según leyendas locales, llovieron cristales el día de su muerte.







Ilustración por Joaquín Abruza
ANÓNIMO [Yo-no-soy-aquel-escritor-francés] VOLTAIRE: Bautizada con un nombre perteneciente al idioma de las mariposas, se le dificultó a sus padres el trámite del registro civil. No vivió en ninguna tierra, pero su existencia es conocida en varias zonas del multiverso. Cambió la densidad de la realidad sin quererlo a los cuatro años; para su doceavo cumpleaños ya había destruido varias dimensiones y creado otras tantas. Fue perseguida y quemada en la hoguera por bruja y murió en al menos cinco realidades alternativas. En las realidades en las que sobrevivió luchó por el derecho de los minerales a tener una vida justa. Hasta el fin de sus días, ninguna roca se lo agradeció.


Blog de Joaquín Abruza: http://joaquinabruza.blogspot.com/

La obstinación (a propósito del Peronismo de Feinmann)

La obstinación (a propósito del Peronismo de Feinmann)
por Juan Di Loreto

1 Desproporcionado, desbordado, bifurcado. El libro de José Pablo Feinmann, Peronismo, filosofía política de una persistencia argentina, merece esos y otros calificativos. La adjetivación es múltiple por la monstruosidad (dos volúmenes que suman unas mil cuatrocientas páginas), por la pretensión y por el alcance de la obra. Del primer gobierno de Perón, el mitificado, el recuperado, el mil veces evocado, hasta el Perón de López Rega y la Triple “A”, que anunciaba la larga noche de la Dictadura del ´76.

2 ¿Qué es el peronismo? La pregunta parece hacerse una y otra vez en cada capítulo. Porque, como dice el lugar común, hay muchos peronismos. Y el escritor y filósofo inventará el suyo. Algunas críticas han señalado la ficción que construye Feinmann como un “defecto”, pero qué va a buscar el lector sino unas invenciones ajenas que se hacen de los hechos. Como muchas veces sucede, uno va a buscar un modo de contar, un nuevo cristal para acercarse al pasado. No hay (casi) dudas de lo que ha ocurrido, pero sí, y muchas, de las maneras de darle sentido al relato peronista.

3 “Hay grandeza y profundas miserias en el peronismo”. “Hay demasiados muertos”. “Hay una historia desbocada”. “Hay líderes (sobre todo uno), hay mártires (sobre todo una), hay obsecuentes, alcahuetes, hay resistentes sindicales, escritores combativos (…), hay más de cien desaparecidos en el Nacional Buenos Aires”. Eso es lo que hay, dice Feinmann.

4 En algún lugar, Juan José Saer se preguntaba qué es lo que ve un hombre entre dos sueños, cuando todavía no ha terminado de desembarazarse del primero y, en seguida, es atrapado por el segundo. Con el peronismo la cuestión se repite. Del sueño y la caída, de la resistencia y los fusilados, de la primavera de Cámpora y el horror, de los ´90 y el kirchnerismo. Todo parece un relato incansable, absurdo, contradictorio. El peronismo quizás no sea otra cosa.

5 El escrito de Feinmann es un ensayo de filosofía política, es una extensa novela (Timote, relato del asesinato de Aramburu por Montoneros, surgió mientras Feinmann escribía su Peronismo), es una autobiografía y una monumental narración coral sobre una “obstinación” argentina. También es un espejo fracturado, no por la imagen que nos devuelve, sino por la posibilidad, una vez más, que nos da de mirarnos.

miércoles, 19 de octubre de 2011

La traición de (y a) Manuel Puig

La traición de (y a) Manuel Puig
por Pedro Díaz

Cuando se habla de Manuel Puig existe un epíteto que suele acompasar su nombre: “transgresor”. De esta manera, un trabajo de excavación biográfica se inicia y concluye en el más esperado y cómodo argumento en el que se apoltrona este calificativo: la sexualidad del escritor. A partir de aquí, se formula el axioma que parece agotar todo análisis: es transgresor porque es homosexual. Al parecer esa es la premisa que rige la lectura de Puig. También, parece hacerlo transgresor narrar la “comedia humana” de General Villegas, un escondido pueblito al noroeste de la Provincia de Buenos Aires, recientemente devuelto al maisntream por ser protagonista de un video que involucraba sexualmente a una menor y que dividió a la opinión pública. Hasta aquí, la crítica que no lee pero sí dice cómo hay que leer nos gana de mano y comete la primera transgresión contra la inteligencia.
Igualmente, no todo está perdido. Es posible conservar el adjetivo y endosárselo a Puig sin culparlo de nada o culparlo de todo. Es un transgresor, porque viola (evitar la asociación legranesca de violación-homosexualidad), porque parodia (entendida la parodia como inversión productiva, revelación de los mecanismo de producción de un texto y no un mero alarde barroco) las convenciones del folletín para articularlas con otras redes discursivas. En su más conocida y representativa novela, Boquitas pintadas (1969), best seller que logró atraer tanto a intelectuales como amas de casa amantes de los radioteatros, el entrelazamiento de géneros es evidente: el folletín, como el sistema nervioso central de cualquier anatomía que se nutre a su vez del género epistolar, la crónica, las revistas del corazón, los documentos policiales, los monólogos, el cine (esto último tiene su corolario en la versión cinematográfica que Torre Nilsson decidió llevar en 1974).
Del folletín es importante señalar algunos cuantos aspectos para comprender su gravitación dentro de la literatura. El folletín, considerado parte de las “literaturas marginales” (incluida la ficción científica, la narrativa popular, al fotonovela, etc.) fue el producto de la sociedad industrializada, cuyo desarrollo se gestó durante el siglo XIX, y que a mediados del siglo XX dio nacimiento la cultura popular de masas (término acuñado por el crítico inglés Lawrence Alloway en “The Arts and the Mass Media”). Este proceso resultó del ingreso de la burguesía a una mejor posición económica y política, la modernización mediática (importantes cambios producidos en el periodismo en conjunto con la implementación de nuevas tecnología), la democratización de la cultura letrada (fuerte alfabetización de los sectores que hasta el momento no tenían acceso a la educación). El folletín, por lo tanto, fue el resultado de una transgresión de la cultura letrada. Se arrancó, entonces, a la literatura del seno cortesano y de la actividad meramente ociosa para ajustarla a los estándares del público emergente, la exigencias económicas (el dinero y el escritor ya no es un tabú) y la consiguiente profesionalización del escritor (ejemplos de primeros escritores profesionales son: Honoré de Balzac (1750-1850) en Francia y posteriormente Roberto Arlt (1900-1942) en Argentina). Por otra parte, la literatura de corte popular camaleónicamente asimiló el paisaje urbano, tal como lo señala Edgar Morin:
La corriente popular permanece fiel a los temas melodramáticos (el misterio del nacimiento, la sustitución, los padrastros y madrastras, falsas identidades…), herederos de la más antigua tradición de las imaginación literaria (la tragedia griega, el drama isabelino), adaptada al cuadro urbano moderno.
Luego de este intenso paseo por algo tan complejo, retomemos Boquitas pintadas. En esta novela, Puig, se “apropia” de los estandartes de la cultura de masas, de la misma forma que los artistas del arte pop (Roy Lichtenstein, Claes Oldenburg, Eduardo Paolozzi, Andy Warhol, entre otros) para hacerlos funcionar dentro de un gran folletín que a su vez se configura con una serie de narradores que extrañan los acontecimientos ( la especie de didascalias que acompañan a las cartas que van de la primera a la tercera entrega correspondientes a “Boquitas pintadas de rojo carmesí”, el “cronista” que hace su aparición cuarta entrega y que narra con exagerada precisión un día de los personajes, las anotaciones técnicas de la sexta entrega que se parecen a juicios constativos producto de la actividad científica que los sucesos de la romería, entre tantos otros) exigen de un lector activo, tomando la metáfora del semiólogo francés Christian Vanderdorpe, que realiza el trabajo de la abeja que recolecta el polen y lo convierte en miel.
Con todo lo dicho anteriormente, Boquitas pintadas, como epítome de la narrativa de Puig, demuestra que la transgresión supera al voyeurismo biográfico y que sólo se explica si se toma a la literatura en serio, es decir, jugando con ella.



martes, 18 de octubre de 2011

Por si no lo leíste. "El General Jason ha desaparecido", de Percival Wren

El General Jason ha desaparecido
(The dissapearance of General Jason, U.K., 1940)
Percival C. Wren
Bs.As., Editorial ACME,1949
por Daniel Fara

"Me llamo Jones, Davie Jones - dijo el Señor Samuel Palsover". El señor Palsover incurre en los alias tan fácilmente como elimina a sus víctimas. Facilidad y prolijidad. No tenemos aquí a un violento sino a un amante de los trabajos silenciosos y bien terminados. El senhor Pereira, por ejemplo, muere dulcemente bajo una almohada que Palsover sostiene mientras canta una ope-reta de Gilbert y Sullivan.
Más que cometer un mero asesinato, Herr Schultz (otro alias) acaba de dar un paso hacia su futuro eliminando un obstáculo. En medio de un delirio palúdi-co, Pereira ha despertado el interés del hombre que se finge su valet. Esto es, le ha dado información crucial y abundantes referencias acerca de lo que se convertirá en el ombligo de la novela, la isla de Sao Thomé. Salvo para sus habitantes y para dos emisarios (uno era Pereira), Sao Thomé no existe y si algún peregrino llega ahí por error encontrarán la forma de que ya no abandone vivo el lugar. El motivo del misterio y la hostilidad tiene un nombre corto, radio, el mayor yacimiento de uranio en todo el mundo, y ocurre que a los gobernan-tes no les seduce la idea de convertirse en colonia merced a la trascendencia de su enterrada riqueza. Pobre senhor, tan discreto, toda una vida consagrada a callar y tuvo que intervenir el paludismo para que Palsover / Schultz se ente-rase de que el radio se cotiza a quince mil libras el gramo... Antes de suprimir-lo, el falso valet se las ha arreglado para hacerse explicar cómo contactar al otro emisario y ha obtenido una carta de presentación que, por no entender el árabe, recela de llevar en persona. Es entonces que en vez de convertirse en otro alias, el gordo y fofo villano de manos enormes consigue que otro se con-vierta en él y haga por él el primer contacto.
Ese pasaje es como una inversión pues el retirado general Sir Reginald Ja-son es apuesto, digno, honorable... hasta la náusea. Pero la oposición entre estos dos hombres no es lo que parece, al menos en cierto nivel. Con toda su felonía, Palsover tiene un colorido interior mientras que Jason está tan hueco, tan desprovisto de sentimientos, que ni siquiera recuerda la fecha de su casa-miento con Antoinette, su insatisfecha, incómoda, sufriente pero reprimida es-posa.
El hecho es que, como Rosencrantz, Jason, convencido por Palsover, llega a Sao Thomé con el nombre de Schultz, la ilusión de hacerse rico y su propia sentencia metida en el sobre que entrega al siniestro, bondiano primer ministro de la isla, Dom Perez de Norhona.
No se puede seguir contando, uno de los atractivos del libro lo aporta el par-ticular suspenso que se sostiene hasta el final, pero no al modo de una policial deductiva. Se trata aquí de un suspenso cambiante que involucra entre otros protagonistas a uno de los personajes principales, un tal Henri Carthew, fiel amigo de Jason que saldrá a buscar al General aunque su deseo más secreto es que no aparezca más ya que desde siempre amó a Antoinette y sabe que ella, tras su fachada de mujer virtuosa y fiel, también está enamorada de él.
La novela no tiene una cronología lineal, va saltando del presente al pasado y con eso, además de generarse enigmas mutantes sobre la trama, los perso-najes aparecen con sus vidas ya empezadas y con secretos de los que nos enteraremos progresivamente. Dígase también que el relato anticipa en mu-chos años al que en los 60’ se conoció como estilo indirecto libre, que el no nombrado traductor de ACME logra convertir a un español neutro e impecable.
Espionaje, terror, humor negro, historias de amour fou, un timing perfecto y el rechazo de todo facilismo, incluido el happy ending, pero también el desta-cado de un tema que a los argentinos debe interesarnos. Aunque diabólico, Dom Pérez de Norhona no resigna nunca su anticolonialismo y hasta podría decirse que es en defensa de esa posición que se convierte en temible villano.
Esto último marca para Wren un cambio esencial en la que sería una de sus últimas producciones. Él querría ser distópico, cínico, británico, pero su propia creatividad le impone que Sao Thomé, en vez de la Isla del Diablo, resulte ser un paraíso. Un paraíso ajeno, cerrado al autor y sin embargo defendido por éste con amarga e infrecuente lucidez.

Percival Christopher Wren (1875-1941) le debe más a Gary Cooper que a la crítica. En 1939 el actor protagonizó el film Beau Geste, basado en una novela de Wren, que se convirtió en un éxito de taquilla e hizo que algunos menciona-ran al novelista en función de la película, pero ahí quedó todo y nadie se ocupó en revisar la amplia y variada producción de ese inglés que había pasado mu-chos años en la Legión Extranjera.
A decir verdad, si fuera por Beau Geste más valdría recordar al Lin Yutang de Una hoja en la tormenta en la que también hay quienes dan su vida por los amigos aunque no lo estén anunciando desde la primera página. Pero, también es cierto que al leer El General Jason ha desaparecido, si bien hay bastante del "pro amicos mori", uno no piensa en Yutang sino en Evelyn Waugh, en Ian Fleming, en Graham Greene y en H.Rider Haggard combinados en dosis tan apropiadas que es ya imposible negar el talento de Percy Wren.

lunes, 17 de octubre de 2011

La pandilla beat

 La pandilla beat
por Hernán D’Ambrosio
Empezás chupando
leche
Y terminás chupando
humo

Y ya sabés
Lo que la leche y el humo
Denotan
Jack Kerouac

Antes que un movimiento
o una generación,
los beat
son más bien
una pandilla,
un grupo de amigos
con estéticas diferentes
e intereses,
aventuras,
ideas
y polvos
en común.
Si estuvieran
jugando al fútbol
en la canchita
que está al lado
de la casa de Juampo,
Lawrence Ferlinghetti (1919)
sería el arquero,
serio
y apartado del resto
haciendo la suya
Gregory Corso (1930-2001)
sería un defensor
hiperactivo,
de pique largo
y sonrisa
continua
desquiciada
William Burroughs (1914-1997)
jugaría de 2
clavado en la defensa
eficaz
cazador
deseando
la pierna presa
del hachazo
Allen Ginsberg (1926-1997)
jugaría de 5
mascheranesco
pero en lugar de correr
danzaría
con una túnica
robando gambeteando
tocando
por toda la cancha,
y Jack Kerouac (1922-1969)
sería un delantero
de área
a lo Palermo
torpe
ultra eficaz
y simpático.
Neal Cassady (1926-1968)
jugaría
de a ratos
de enganche
de a ratos
alentaría
de a ratos
perseguiría mujeres
por la canchita
o fumaría tranquilo
contra una pared
mirando el partido
más cool que James Dean.
Gary Snyder (1930)
estaría
osanando
el pasto & las nubes & el día.
John Clellon Holmes (1926-1988)
se mantendría apartado
vouyerista
mesurado
abstemio
e
igualmente
Jack no lo invitaría
por haber sido
él justo él ese pelmazo
el primer beat
en publicar (Go, 1952)
esa mierda.
Peter Orlovsky (1933-2010)
estaría corriendo
de lado a lado y de lado a lado
al costado de la canchita
que a su vez está
al costado
de la casa de Juampo,
alentando a Allen Ginsberg.
Carl Salomon (1928-1993)
y Philip Lamantia (1927-2005)
estarían sentados a la sombra
de algún árbol X
casi completamente
ficticios.

El efecto beat
Un girasol gris
en suspenso
contra el atardecer,
crepitantemente
sombrío
y
polvoriento
con el tizne
y el smog
y el humo
de las locomotoras
antiguas
en su ojo.
La búsqueda
del Nombre
de algunas raíces
en el jazz
& en la bisexualidad
& en las drogas & el alcohol
& en la literatura.
Un grupo de familias
que dicen
nene
no te juntes
con esa chusma.
Tantas anécdotas
como ficciones.
Un Big Sur
gigante
hasta Chile
lleno de mitologías
posmodernas.
Un refugio
en la cima de una montaña
en donde
Jack Kerouac encuentra
con palabras
el sonido del mar
y paga el precio
con Big Sur (1962),
la novela más
oscura
tenebrosa
y profunda
un delirium tremens
de alcohol
y adicción a la escritura
beatífica.

Un poeta hablando
consigo mismo
en el espejo
sinceramente
pero igual coqueteando.
Una cabeza que estalla
y una copa
intacta
un Grial oculto
en Tánger
o arrojado con furia
contra una pared.
Un Dios
cosmopolita
una espiritualidad
OCCIRIENTAL
como si
Jesús y Buda
fueran muy buenos amigos
con derecho a roce
y protagonizaran una serie
de media hora,
doce capítulos por temporada
producida por Showtime.

Gregory Corso
corriendo al cine
cuando siente
que va a morir
¡Moloch!
abriéndonos el cráneo
y comiéndonos
el cerebro
y la imaginación.
Un aullido
que quiere despertar
a las mejores mentes
zombieficadas
en la locura,
hambrientas histéricas desnudas,
en busca de un pinchazo
furioso.

El dharma
en el placer
de escalar
una montaña
juergueando
con amigos.
El dharma
como destino elegido
y como camino
de rutas
de autos y autoestopistas
de colectivos
de trenes
El dharma de la hybris,
de vivir cada tramo del camino
aunque se retarde
o se posponga
el destino elegido.
Una espiritualidad
con ínfulas de eternidad
inmaterial
obscena
divertida
Una tristeza decimonónica
La Iluminación como
una masturbación
interna
el alma haciéndose una buena paja
para acabar
con la visión
de un deseo de cielo
La escritura
como un rayo
enorme
fuerte
brillante
que cae en
la tierra
derramando
aura
sobre
un girasol gris
en suspenso
contra el atardecer

Final
Están compartiendo
un cigarrillo
acostados en la cama.
Hacía meses,
tal vez
más de un año,
que no se encontraban.
La última vez
también
celebraron el encuentro
con peyote.
Qué es el arte?
le pregunta Ginsberg,
y Burroughs
exhalando humo
le responde
una palabra de cuatro letras.

domingo, 16 de octubre de 2011

Andaba por los bordes de la vida (Algunas consideraciones sobre Rabelais y su hijo pródigo, Henry Miller)

Andaba por los bordes de la vida
(Algunas consideraciones sobre Rabelais y su hijo pródigo, Henry Miller)
por Bárbara Iansilevich

Tu memoria y tus sentidos sólo serán el alimento de tu impulso creador.
En cuanto al mundo, cuando salgas de él ¿en qué se habrá convertido?
En cualquier caso, nada quedará de las apariencias actuales.

Iluminaciones. Arthur Rimbaud

El sol se está poniendo.
Siento que este río corre a través de mí,
su pasado, su suelo, el clima cambiante.
Las colinas lo bordean dulcemente, su curso está determinado.

Trópico de Cáncer. Henry Valentine Miller


El “Miller protagonista” de Trópico de Cáncer rechaza la sociedad moderna y el progreso en nombre del individuo mismo y se sumerge en el caos del gozo de todos los apetitos como una forma de renacer espiritualmente, como lo único que aún nos queda a título de pertenencia, como todo aquello que nos convierte en nosotros mismos, en seres reales, libres y auténticos, todo aquello que nos hace sentir vivos y nos individualiza.
Miller es un narrador de instintos y de pasiones; escribe con una obsesión escatológica y sexual. Pero no es el precursor de esta clase de literatura.
François Rabelais también apostó por la pasión y por los mismos bajos instintos. A lo largo de sus dos obras cumbres, subvirtió las concepciones sobre racionalidad y sensibilidad, tal como señala Michael Bajtin en Rabelais y la historia de la risa. Se enfocó en lo corporal y en lo material, y en la risa. Fue uno de los primeros en elevar todo aquello que los grandes moralistas se obstinan en prohibir época tras época.
Tanto Rabelais como Miller hicieron de la consagración del cuerpo una forma de literatura.
La esencia de Gargantúa (1534) y de Pantagruel (1532) es la de invertir el orden de lo alto y lo bajo y unificar, de esa manera, el mundo. Rabelais, con sus aparentes excesos del lenguaje y las inalcanzables referencias fisiológicas y a los órganos genitales, acopla lo popular procurando, a la vez, una imagen equilibrada y racional del individuo, sin represiones ni recortes.
Según Bajtin, todo está unido a la materia del mundo que nace, muere, da a luz, devora y es devorada, pero siempre crece, se multiplica y se vuelve cada vez más abundante. Esta materia es a la vez la muerte, el sueño materno, el pasado que huye y el presente que llega: la encarnación del devenir. El realismo grotesco rabelesiano, a través de la risa, degrada y materializa, y al degradar se mata y se da a luz, se entra en comunión con lo bajo corporal, con la parte inferior del cuerpo, el vientre y los órganos genitales, y en consecuencia también con actos como el coito, el alimentarse y el satisfacer las necesidades naturales. Esta degradación cava la tumba corporal para dar lugar a un nuevo nacimiento regenerador.
Entretanto, mantiene Kingsley Widmer que ser artista significaba para Henry Miller "la liberación rebelde de un pasado deleznable y de la sociedad circundante pero, sobre todo, implicaba la definición, expresión y regeneración de un yo defectuoso y quebrantado, y la fusión alta-baja del lenguaje vulgar con el intelectual expresaba la relación íntima de lo obsceno con lo sublime, alcanzaba los niveles de la poesía festiva".
El individuo milleriano se encuentra en absoluta soledad, aun respecto de los dos dioses de culto del siglo XX, el dios de la Revolución y el de la trascendencia. En esta absoluta soledad ocurre una topicalización de la conciencia.
El yo es diseminado en la obra de Miller a lo largo de varios espacios, el de la conciencia intelectual, el de la conciencia mundana, el de la artística, la social y la política de época; y al distribuirse en esas múltiples partes, este yo se desvanece, se desintegra.
Miller está decepcionado por la civilización de comienzos del siglo XX, e intenta trasmitirnos esto a través de los Trópico de Cáncer, una narración en primera persona con una temporalidad anárquica de días hilados sólo por la existencia de ese narrador extranjero perdido y auto-exiliado en la Francia de 1930. Por medio de un sincretismo semi autobiográfico, fusiona la crítica social con la reflexión metafísica, lo onírico y lo místico.
El siglo XX es el siglo de la tecnificación cultural, y esta modernidad conlleva violentas transformaciones en el arte, las cuales se verifican claramente a través de los textos de toda esta llamada Generación Perdida (William Faulkner, Henry Miller, Ernest Hemingway). Lo que los une a estos escritores es el pasaje de una escritura excesiva y absolutamente controlada o vigilada por la conciencia del escritor o de un moral imperante a una escritura que se plasma y se postula como más allá de una conciencia.
Miller fluye sin principios ni leyes a través de fantasías y meditaciones mediante las cuales subraya su subjetividad. Efectúa una escritura de un yo tan inestable como la época misma en la que le toca vivir, una reconstrucción de la propia vida desde una posición de enunciación que conlleva la exageración y muchas veces la soberbia. Trópico de Cáncer es una filosofía del absurdo contemporánea de romanticismos y rebeldías, inquietudes y desvelos existenciales…
El personaje Miller es un profeta violento que ya desde el título mismo reflexiona al respecto de la perversidad del mundo occidental, que se mantiene escéptico al respecto de cualquier futuro posible, y que fluye a lo largo de los capítulos libremente y sin rigidez alguna. Insiste, además, en derrocar todos los valores en pos de que resurjan develando las verdades que ocultan y subsistan plenamente.
La narrativa de Henry Miller es un desorden puesto entremedio del orden; escribir, para él, es marcar los bordes de un desborde. El hombre moderno se encuentra en la permanente búsqueda de identificación e intenta llenar el vacío de un final ineludible por medio del placer, y este placer es una forma de muerte y de vida, la representación de una resurrección continua. La falta misma de sentido se convierte en un único sentido, y el sufrimiento es casi una forma de gozo, de victoria. Niega todo dogma que pueda determinarlo y se rebela mediante el lenguaje del absurdo humano, acompañado a lo largo de la historia por personajes bajos, marginados socialmente: artistas que no tienen futuro, escritores, pintores y prostitutas, y la figura de Van Norden- su álter ego, un periodista ególatra y trastornado-, los cuales solo existen como pretexto de una búsqueda de identidad enajenada, y son los representantes de un mundo que se desintegra moral y socialmente en el cual - sostiene acertadamente Widmer - “el arte depende más del odio que del amor”.

sábado, 15 de octubre de 2011

La fragmentación en "Mientras agonizo" de William Faulkner

La fragmentación en Mientras agonizo de William Faulkner
por Gisele Amaya Dal Bó

Los críticos ubican a William Faulkner en un movimiento estadounidense que se desarrolló en las décadas de 1920 y 1930, al que se denomina “Generación perdida” (Lost Generation). Los autores representativos del movimiento fueron marcados en su mayoría por su participación en la Primera Guerra Mundial, y escribieron obras que se caracterizan por la sensación de desencanto, la descripción de la alienación, la inseguridad y el vacío del hombre de entreguerras, y el cuestionamiento sobre una moral e ideología que se revelaba en crisis ante los acontecimientos políticos y sociales de la época.
Uno de los motivos por los que más me gusta Mientras agonizo (As I Lay Dying), que fue escrita por el autor sureño en 1930, es porque esta sensación de caos e incertidumbre se puede rastrearse por doquier, tanto en la estructura de la narración como en los hechos y los personajes: a grandes rasgos, se ubica en la ruptura de la linealidad narrativa y, tanto a nivel argumental como formal, en la problematización que realizan algunos caracteres de la figura del “yo”. También hay otros motivos que la hacen una obra recomendable, pero como no es la intención hacer un artículo pesado y aburrido, mejor los dejo, someros, para el final.

Básicamente, Mientras agonizo trata del viaje que efectúa la familia Bundren para enterrar a la madre, Addie, en Jefferson, de acuerdo a la que fuera su última voluntad. Tras la inicial espera de la muerte y su concreción, la familia traza su camino hasta Jefferson a través del caos de las catástrofes naturales (la lluvia, los caminos cerrados y la crecida de un río) y los conflictos individuales o grupales (las relaciones de poder conflictivas entre el padre, Anse, y sus hijos, en especial Jewel; el conflicto psicológico en los hijos Vardaman y Darl; el problema del embarazo de la hija soltera, Dewey Dell; y en general, las consecuencias que tiene la muerte de la madre en todos ellos) que repercuten pero no alteran la decisión, para muchos personajes del libro arbitraria, del grupo familiar. El desarrollo del argumento se realiza, en lo formal, mediante la exposición fragmentaria de cada conflicto en los cincuenta y nueve capítulos contados por quince voces narrativas distintas en forma de monólogo interior, de manera que el lector debe recopilar información muchas veces contradictoria, y especular y reconsiderar sus especulaciones a medida que adelanta en la lectura del libro a partir de los relatos de cada narrador. “El lector es el novelista. Con ayuda de los materiales dados desordenadamente [...] es el lector el que debe reconstruir la historia”, señala Michel Mohrt en La novela americana contemporánea al respecto de la técnica de Faulkner, y explica, citando a Sartre: “‘Las historias aparecen y desaparecen, van de boca en boca, enredadas en los gestos cotidianos’, dice Sartre. La verdad expuesta racionalmente, analizada, definida, Faulkner la sustituye por una verdad truncada, imperfectamente conocida a través de testimonios parciales, contradictorios”.
Mohrt insiste, principalmente, en señalar que todo lo que oímos decir a los personajes, lo sabemos y lo escuchamos a través de una memoria particular, memoria que muchas veces incluso se revela en contradicción consigo misma. Esto podría vincularse con la situación del hombre de entreguerras, y la incertidumbre que se instaura en el ámbito social e individual: la novela ya no cuenta una Verdad, ya no tiene el optimismo de un narrador omnisciente con la visión totalizadora del que lo sabe todo, y ni siquiera posee la certeza de un único narrador testigo; al contrario, la duda alcanza a la figura de narrador, que se problematiza y se atomiza, disuelta, junto con la idea del “yo”. La fragmentación de la personalidad, la vacilación sobre la unidad del sujeto que luego de Descartes se afirmara como único cimiento indubitable y pedestal del progreso, podría, entonces, leerse reflejada en la fragmentación de la figura del narrador que constituye el núcleo formal de esta novela de Faulkner.
Argumentalmente, la incertidumbre sobre el “yo” también es rastreable. En Mientras agonizo, la muerte de Addie Bundren genera en los hijos, en principio, el cuestionamiento sobre el ser de la madre y un desequilibrio en la consideración que tienen de sí mismos, lo cual se refleja especialmente en Darl y Vardaman, los dos personajes que actúan como narradores con más asiduidad (Darl, uno de los primeros hijos de Addie, narra los hechos en diecinueve capítulos, y Vardaman, el menor, en diez, mientras que los restantes personajes no actúan como narradores más de seis veces.). Así, leemos en el capítulo veinticuatro, que narra Vardaman:

Darl is my brother.
“Then what is your ma, Darl?” I said.
“1 haven't got ere one,” Darl said. “Because if I had one, it is was. And if it is was, it can't be is. Can it?”
“No,” I said.
“Then I am not,” Darl said “Am I?”
“No,” I said.
I am. Darl is my brother.
“But you are, Darl,” I said.
“I know it,” Darl said. “That's why I ain not is. Are is too many for one woman to foal.”

[Darl es mi hermano.
“¿Entonces qué es tu madre, Darl?”, dije yo.
“Ya no tengo una”, dijo Darl. “Porque si yo tuviera, diría que era. Y si dijera que era, no podría decir que es, ¿no?
“No,” dije yo.
“Por lo tanto, yo no soy” dijo Darl. “¿No es cierto?”
“No,” dije yo.
Yo soy. Darl es mi hermano.
“Pero tú eres, Darl,” dije. (Hay aquí un juego de palabras intraducible: la segunda persona es, en inglés, idéntica en el plural y en el singular: “tú eres” y “ustedes son” se dice y escribe de la misma forma..)
“Lo sé,” dijo Darl. “Es por eso que yo no soy. Somos es demasiado como para que una mujer pueda parir.]

A lo largo del libro, tanto Darl como Vardaman son considerados “locos” por estos cuestionamientos del “yo” y el “ser”, pero acaban de manera distinta. Vardaman, que queda traumado luego de la muerte de la madre y despliega a causa de esto, a lo largo del relato, una lógica que es considerada por todos absurda pero mayormente inofensiva, permanece con la familia porque, podría conjeturarse, en su supuesta “locura” afirma constantemente su ser y posicionamiento en el mundo y con respecto a los que lo rodean, como en un intento de alcanzar seguridad. Darl, en cambio, se inclina a pensarse a sí mismo como múltiple, y a pensar en la familia como algo desgarrado y absurdo (de allí, sus cuestionamientos sobre sus hermanos, especialmente Jewel y Dewey Dell, o su intento de dar fin al viaje a través de un incendio), y esto determina el que sea declarado mentalmente “insano” y enviado a la reclusión en un manicomio de Jackson. El capítulo cincuenta y siete, el último relatado por él, en el que habla con hipérbaton de su travesía hacia Jackson refiriéndose a su ser en tercera persona, representa la enajenación completa que este veterano de la Primera Guerra Mundial ha alcanzado, y la destrucción del “yo”: “Darl is our brother, our brother Darl. Our brother Darl in a cage in Jackson where, his grimed hands lying light in the quiet interstices, looking out he foams.”. [“Darl es nuestro hermano, nuestro hermano Darl. Nuestro hermano Darl en una jaula en Jackson donde, sus manos sucias yaciendo ligeras en los intersticios tranquilos de los barrotes, mirando hacia fuera él echa espuma por la boca.”]
Para finalizar, también podría señalarse que aparte de estar representada mayoritariamente en las figuras de estos dos personajes, la incertidumbre sobre el “yo” puede leerse, además, manifestada en la animalización que se realiza sobre los caracteres (por ejemplo, Addie Bundren es comparada o sustituida por la figura de un pez o un caballo, Anse es comparado en reiteradas ocasiones con un buey, y Dewey Dell con un gato salvaje) o en el volverse “otro” de ciertos personajes que se revela por el uso tipográfico de las cursivas en el texto (como ocurre con Jewel en el capítulo 42 y 44, o con Darl en el capítulo 56).

Esto señalado (la vinculación del desencanto y la incertidumbre característicos de la “Generación perdida” y, en general, de la época histórica en la que escribió Faulkner, con el recurso formal de los narradores múltiples y la falta de linealidad narrativa de Mientras agonizo como reflejo de la fragmentación del “yo” y la falta de verdades últimas, lo que se nota también en el desarrollo de los personajes, especialmente Darl y Vardaman) es, entonces, uno de los puntos de lectura interesantes en la novela de Faulkner, pero se la puede recomendar también por otros motivos. Quizás uno de los más importantes sea el hecho de que, aunque un poco complicada al principio, la lectura gana dinamismo con el paso de los capítulos, y atrapa de tal forma con sus redes familiares y sociales, con los dramas y el despliegue certero de personajes, que resulta difícil para el lector no involucrarse, o permanecer neutral ante los hechos de esos seres que granjean simpatías y desdenes. También podría hablarse de la belleza de algunas imágenes, del uso que el autor hace del lenguaje con el que abstrae a quien lee y transporta a un territorio de imágenes fortísimas y vivas. Podría destacar, valorándolo, el desconcierto en que nos sumerge a veces. Pero prefiero señalar que, sobre todo, a mí me atrajo el humor que insiste en insinuarse a pesar de todo, en medio de las ocasiones más trágicas, para arrancar una carcajada o, como mínimo, una sonrisa, y desbaratar las cosas en aparente absurdo o dejarlo a uno dudoso y cavilando.

"The killers", de Ernest Hemingway: grotesco, reescritura y visión del mundo

"The killers", de Ernest Hemingway: grotesco, reescritura y visión del mundo
por Cecilia Fara

El cuento "The killers"(1), de Ernest Hemingway, es un texto que marcó aperturas múltiples a la literatura norteamericana. Tanto provienen de él los lineamientos básicos del policial negro como el realismo "sucio" de Carver, y aun la revaloración de textos para consumo masivo que, hasta Hemingway, no gozaron de consideración alguna por parte de la crítica "seria". Así, se puede analizar el texto tomando como eje articulador del análisis lo cómico en tensión con lo dramático: creemos que el autor explora en este cuento una gran variedad de géneros y de elementos literarios para lograr un efecto cómico aproximable al conseguido con el grotesco en una línea que, pese a remontarse a Rabelais y aún más atrás, es, en Hemingway, objeto de una atención inédita.

El grotesco

"The killers" presenta numerosas situaciones cómicas o que apuntan a lo cómico. En un contexto dramático y realista se produce un choque del que emerge una tercera variante, ya no cómica ni trágica: grotesca. Según Thomson, esa es "the basic definition of the grotesque: the unresolved clash of incompatibles in work and response"(2). Los diálogos casi cómicos del restaurante se superponen a la dramática conversación que sostiene Nick con Ole Andreson. Así lo grotesco se da no solamente en la alternancia de detalles trágicos y cómicos en cada escena, sino también en un contraste más general entre las dos escenas principales.
Boris Eichenbaum, analizando "El capote", escribe:

El estilo grotesco exige ante todo que la situación o el hecho descriptos sean encuadrados en un mundo artificial, reducidos a dimensiones liliputienses [..] y completamente aislados de la vasta realidad, de la riqueza de una auténtica vida interior. (3)

Pero en "The killers" el efecto grotesco surge justamente del procedimiento opuesto: la yuxtaposición de lo violento con lo cotidiano (presente en el mundo realista de Summit y en el tono escueto de la narración) lleva a un resultado novedoso y especialmente perturbador. Además, lo violento es presentado como cliché, con mafiosos estereotípicos, y se contribuye así a la novedad y a la comicidad del relato.
Para mostrar cómo se produce en una escena el efecto grotesco, traeremos a colación el momento en que Nick va a la pensión a ver a Ole: lo encuentra acostado, con sus ropas puestas, y en una cama muy chica para él. La emergencia de la situación parece detenerse cuando la futura víctima del asesinato, un fornido boxeador, aparece tirado en su cama, resignado y ridículo a los ojos del chico.

Entreteniendo al público

El comportamiento de los personajes Al y Max es el aspecto de este cuento que más directamente puede conectarse con la comicidad. Empezando por su ropa, que remarca su condición de clichés: estos hombres comen con los guantes puestos, usan su sombrero ladeado y sus armas se marcan bajo sus ropas: "The cut-off barrels of the shotgun made a slight bulge under the waist of his too tight-fitting overcoat" (Hemingway, 175). Esas ropas, que hacen que su profesión se adivine al instante, también caricaturizan su aspecto por ser muy apretadas, muy exageradas, muy fuera de lugar en ese pequeño pueblito. Veremos más adelante también cómo esto se conecta con la "escuela de los duros".
"In their tight overcoats and derby hats they looked like a vaudeville team" (Hemingway, 174) Como un equipo de vaudeville, Al y Max buscan entretener a su audiencia: "Well, I got to keep bright boy amused" (Hemingway, 173), dice Max. El principal método de entretenimiento son los diálogos: basados en la repetición (según Henri Bergson(4), un procedimiento típico del vaudeville) y la indiferencia. Así, las mismas preguntas, las mismas respuestas se reiteran a lo largo de todo el cuento y siempre sin ningún interés en ellas de parte del interrogador ni del interrogado. Y estos diálogos, casi vacíos, son los que llenan al cuento de sentido.
El entretenimiento termina dándose en su realización más básica, como mero distractor: están matando el tiempo. Y en cierto sentido, teniendo en cuenta lo que sucede y lo que no sucede en la historia, es esa la acción que pasa a calificar a Al y a Max como asesinos, y no el homicidio de Ole, que, para el final del cuento, no se ha realizado aún.
Al y Max hablan entre ellos, como si estuvieran en un double act o comedy duo: actuaciones tradicionales de la comedia estadounidense, en las que el humor deriva de la relación de dos personajes, the straight man y the funny man. En general, el primero da pie a los chistes del segundo. Estos personajes son parecidos físicamente, pero sus personalidades son drásticamente opuestas.
La relación que tienen esos dos actantes es fácilmente analogable a la que se produce entre Al y Max. Vestidos como gemelos, comparten también complexión física; y se diferencian por su carácter: Al, más serio y precavido; Max, más suelto y más bromista.
Metidos en ese papel de cómicos, Al y Max parecen representar una escena cuando "olvidan" el nombre de Nick o cuando discuten si deben o no matar a George, a Nick y a Sam porque dejarlos ir "It’s sloppy. You talk too much." (Hemingway, 174). Tengamos en cuenta que cuando Nick va a ver a Ole Andreson, la mujer de la pensión lo deja pasar sin obstáculos, pese a no conocerlo. Los asesinos, quienes parecen saber toda la rutina del boxeador, bien podrían haberlo matado en su casa, lejos de miradas de terceros. Lo íntimo de esa habitación choca con lo público del restaurante.
Las alusiones a ciertos tópicos, como la demora en servir la comida, y ligeros comentarios despectivos acerca de negros y judíos(5) parecen chistes de salón. Y recordemos la primera oración del cuento: "The door of Henry’s lunchroom opened and two men came in." (Hemingway, 169). Muy parecida al clásico encabezador de chistes "Two guys walk into a bar".

El cine
El cuento podría leerse como el guión de una película(6), abundante en diálogos y descripción de acciones, casi sin acotaciones del narrador. Sin embargo, esta característica pertenece al estilo propio de Hemingway (su "pureza de línea", según Levin(7)) y no puede ser resaltada como particular de este relato.
Pero sí pueden destacarse los estándares de toma de película con que se enfocan las escenas: "He didn’t look at George but looked in the mirror that ran along back of the counter." (Hemingway, 171-172). Unas líneas después, Al "was like a photographer arranging for a group picture" (Hemingway, 172)(8) . En ese mismo momento, el cine aparece también como tópico, en el diálogo entre Al y George. La importancia que se brinda a las luces y a las puertas que se abren y se cierran sin agente también corresponde a rasgos del cine.
Las películas y el periódico eran los pocos medios que proporcionaban datos sobre la mafia a la población común estadounidense: así también se formaban los estereotipos. Es curioso cómo los pobladores de Summit en este relato se encuentran con dos de ellos, en una situación realista, narrada sin adornos, y que a la vez parece parodiar a las películas de gángsters de Josef von Sternberg.

La hard boiled o la "escuela de los duros"
La literatura de Hemingway puede conectarse con el estilo hard boiled de las pulp magazines desde el contexto que enmarcó a ambas. Ron Goulart, citado por Alvaro Barros-Lémez, señala que la situación de posguerra afectó "a las historias de detectives tanto como a la ficción en general. Las mismas cosas que preocupaban a los detectives privados, angustiaban a los héroes de Hemingway, Dos Passos y Fitzgerald." (9) Esa situación añadió a la literatura "cinismo, desapego, un cierto romanticismo y la compulsión hacia la acción directa."(10) Características todas propias de la narrativa policial y de gran parte de la narrativa hemingwayniana.
Uno de los primeros escritores de la hard boiled, Dashiell Hammett, fue, según Steven Marcus,
figura central de una nueva escuela literaria especializada en novelas de misterio que pronto se popularizó con el nombre de "escuela de los duros", y que pasó a considerarse el equivalente estructural, dentro de su contexto, de lo que Hemingway y los otros escritores agrupados en torno a él hacían a otro nivel durante el mismo período. (11)
A través de las relaciones que hacen estos críticos, y de las similitudes de estilo que aparecen, concretamente, ya en las obras, es fácil vincular a Ernest Hemingway con este subgénero literario. Contemporáneo a él, Hemingway lo leyó y lo influyó: aunque el apogeo de la novela negra comenzó unos años después, el hard boiled ya era popular en los años veinte. Los mafiosos sin escrúpulos, de sombrero ladeado y sobretodo eran moneda corriente en las novelas de detectives.
Y en "The killers" esos rasgos aparecen exaltados, al punto de la caricatura: a los mafiosos de Hemingway los abrigos les quedan chicos, y con sus diálogos pasan de ser temibles gángsters a una troupe de vaudeville, dispuesta a entretener a su público a cualquier precio.
El cuento puede ser leído, entonces, como una parodia de un subgénero que se terminaba de conformar a la vez que fue escrito el relato; una parodia enmarcada en una situación realista, con personajes realistas y con una narración sobria. El carácter novedoso de la obra reside en esta fusión de elementos, armada además sobre el trasfondo de la Ley Seca.

Contexto histórico
En Estados Unidos, desde 1919 hasta 1933 se sostuvo la Prohibición, también llamada Ley Seca, o The Nobel Experiment. Durante esos años, alcanzó un poder ilimitado la mafia: el crimen organizado que proveía alcohol ilegalmente a la población. Su control del mercado negro les daba la posibilidad de entrar en otros negocios, como el juego o la prostitución.
En este clima se desarrolla "The killers". La pregunta dos veces hecha por Al "I mean you got anything to drink?" (Hemingway, 170) nos ayuda a afirmar que la historia transcurre en los mismos años en que fue escrita.
Otro dato histórico para tener en cuenta se refiere a Andre Anderson, un boxeador de peso pesado asesinado en 1926 por mafiosos de Chicago, presuntamente por no take a dive: es decir, perder adrede.
En el apellido de Ole, el personaje de "The killers", encontramos Andre y Anderson combinados. Es un boxeador y una futura víctima de asesinato a manos de la mafia por "got in wrong" (Hemingway, 176), como dice él mismo, o "mixed up in something in Chicago" (Hemingway, 177), como dice George.
Hemingway toma esta historia y la reescribe, sin incluir la muerte de Ole, y deja así un clima de tensión y de no resolución, acentuado además por la perfomance de Al y Max en el restaurante.

Gestos de demora: la metonimia
Muchas situaciones del cuento parecen desplazadas: la señora Bell atiende la pensión de la señora Hirsch, George atiende el restaurante de Henry; los asesinos van de parte de otro, como intermediarios. Y quieren matar a Ole, no en su casa, sino en un lugar ajeno. George debe decirles a los clientes que no hay cocinero teniendo el restaurante abierto. El reloj muestra la hora adelantada. En las conversaciones, los interlocutores no se miran directamente a la cara: hacia el final del relato, Ole Andreson no mira ni una vez a Nick Adams, sino que mira fijo a la pared: "He did not look at Nick." (Hemingway, 175), "He looked at the wall" (Hemingway, 175). Durante su pequeño diálogo con George, "Max looked into the mirror all the time he was talking" (Hemingway, 172). Al y Max, además, hablan a través de la ventanita que comunica cocina y comedor en el restaurante.
Así, la metonimia típica de Hemingway cobra en este cuento una entidad casi corpórea, dándose no sólo en los diálogos sino en cada situación. Este procedimiento produce en el lector una sensación de inconclusividad, de no correspondencia, y de choque, sensación que se da también por los diálogos sin contenido, por los chistes sin comicidad y por la espera misma de Ole.

La "gracia bajo presión"

En un mundo moralmente complejo y destructivo, donde nadie gana, donde la realidad es dolor y muerte, es posible vivir con dignidad y conducirse con honor y coraje y hacer frente al sufrimiento. El famoso código hemingwayniano exige este tipo de comportamiento, que alguna vez el escritor denominó "gracia bajo presión", y que es una victoria, a pesar de todo. (12)

En el cuento que estamos tratando aparece un personaje recurrido de Hemingway, su alter-ego Nick Adams. Quienes ordenaron cronológicamente las historias ubican al Nick de "The killers" como un adolescente de entre dieciséis y veinte años.
Si se enfoca este cuento desde esa perspectiva más englobante, en el paradigma que forma con los otros relatos con el mismo protagonista, la decisión final de Nick, "I'm going to get out of this town" (Hemingway, 177) cobra otra dimensión.
Él dice esas palabras luego de ver a un boxeador -modelo de virilidad- encerrado en su habitación esperando la muerte, sin hacer nada al respecto. Ole, al resignarse sin enfrentar a los mafiosos, y quedarse en su cama muy chica, está violando el código. Y eso perturba a Nick, que sí lo cumple: cuando George lo desató, "He was trying to swagger it off." (Hemingway, 174). Nick sí intenta mantener la gracia en las situaciones de presión. Y finalmente decide realizar él la acción que Ole no hace: irse de Summit.

Conclusión: Grotesco y reescritura
"The killers", desde su inevitable pertenencia a la literatura culta, permite la entrada a variedades desjerarquizadas como el vaudeville, las primitivas y folletinescas historias de detectives y el cine noir de la época. La mediación se da a partir de la bisagra que impone el grotesco, tratamiento que conviene tanto a la actitud ruptural que Hemingway compartía con Dos Passos y Theodore Dreiser como a la efectividad descentrada de las variantes marginales citadas. En definitiva, se produce con el cuento una reescritura que reorienta la preocupación del novelista burgués por el estado de corrupción y descontrol de los años veinte, en Estados Unidos, y la dirige hacia una representación literaria, que en lugar de constituirse en supuesta tribuna de denuncia, interioriza la situación a favor de una serie de hallazgos estéticos. Lo cómico y lo grotesco, funcionales a la entrada de lo tragicómico, marcan la pauta de una construcción ("The killers") que no se apoya tanto sobre referentes de la realidad sino sobre otras especies literarias de la época.


(1) Hemingway, Ernest: "The killers" [1927], en VV. AA.: Gateway to the great books (vol. 2), Chicago, Illinois: Encyclopaedia Britannica, Inc., 1963 (10 vol.) A partir de aquí, todas las citas de la obra serán de esta edición.
(2) Thomson, Phillip: The grotesque, Londres: Methuen, 1972.
(3) Eichenbaum, Boris: "Cómo está hecho 'El capote' de Gogol" [1918], en Todorov, Tzvetan: Teoría de la literatura de los formalistas rusos, Buenos Aires: siglo veintiuno editores, 2008.
(4) Bergson, Henri: La risa, Madrid: Sarpe, 1985. El subrayado le pertenece.
(5) Otro gentilicio usado en tono despectivo es "sueco", aludiendo a Ole Anderson.
(6) En 1946 se adaptó la historia al cine, y es muy interesante ver cómo los diálogos y las acciones del restaurante son reproducciones exactas a los del cuento.
(7) Levin, Harry: "Observaciones acerca del estilo de Ernest Hemingway", en Estudios sobre los modernistas, Buenos Aires: Fraterna, 1986.
(8) Analogía muy importante por ser una de las únicas acotaciones que hace el narrador.
(9) Citado por Álvaro Barros-Lémez en Abraxas en el país de las pesadillas, Montevideo: Monte Sexto, 1986.
(10) Ibíd.
(11) Marcus, Steven: "Introducción" [1974], para Hammett, Dashiell: El agente de la continental, Madrid, Alianza, 1977.
(12) Costa Picazo, Rolando: "Dos grandes narradores estadounidenses del siglo XX: Faulkner y Heming-way. Comparación y contraste", en Costa Picazo, Rolando y Capalbo, Armando (Ed.): Escrituras al filo del milenio: Estados Unidos/ Argentina, Buenos Aires: BMPress, 2001.